Raíces de Alex Haley
¿De dónde provienen los negros americanos? ¿Cuáles son sus verdaderas raíces? Cuando un escritor negro, Alex Haley,
se planteó estas preguntas, no conocía todavía el alcance que podían
tener las respuestas. ¿Podía acaso tener historia un pueblo, una raza
arrancada de su país natal, en África, y esclavizada por los blancos en
América?Dato a dato, nombre a nombre, el autor fue reconstruyendo la historia de su antepasado Kunta Kinte, negro mandinga cazado como una alimaña en Gambia y vendido como esclavo en una plantación de algodón de los Estados Unidos.
El resultado es esta novela amasada con el miedo, la crueldad, el amor, el odio y la ternura de un negro norteamericano que, al encontrar su propia historia, encontró también la de todos sus hermanos de raza.
Estamos ante un libro sumamente especial, del que me habló mi madre desde que puedo recordar, mientras esperaba a que tuviera la edad suficiente para leerlo.
Kunta Kinte es un negro africano que se ve despojado de todo lo que conoce al ser llevado como esclavo al Nuevo Mundo. Pero este no es el comienzo del libro ni su tema principal. Raíces es un libro de la historia de la familia del propio escritor, una investigación apasionante de una historia que se fue transmitiendo de generación en generación hasta llegar hasta él.
Hay una escena que se me quedará grabada para siempre en mi memoria; el ritual del nacimiento de Kunta.
El padre medita el nombre de su hijo una semana y al octavo
día es cuando se celebra el ritual en el que el niño se convertirá en miembro
de la tribu. El padre susurra tres veces el nombre que había elegido para su
hijo en el oído del pequeño. Esa es la primera vez que se pronuncia el nombre,
porque la gente de Omoro creía que el primero en enterarse del nombre debía ser
el destinatario del mismo.
Esa octava
noche, bajo la luna y las estrellas, solo con su hijo, Omoro completó el ritual
del nombramiento. Llevando al pequeño Kunta entre sus fuertes brazos, caminó
hasta el límite de la aldea, levantó al niño con la cara vuelta al cielo, y
dijo en voz baja: "Observa lo único que es más grande que tú."
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